Carmen Loréfice

Carmen Loréfice es la mamá de Jorge Aggio, detenido – desaparecido el 31 de julio de 1976, a los 29 años de edad. Acorde con nuestro objetivo de recuperar la memoria histórica, recopilamos su testimonio en este “Archivo por la Memoria”.

La historia de Carmen

“Soy una Madre de Plaza de Mayo - Línea fundadora. Voy a detallar los momentos más terribles que en la vida me tocó vivir, como es la tremenda pérdida de un hijo. Los momentos más crueles que una madre nunca podrá sobrellevar, ni olvidar. La angustia sumada al llanto cuando me enteré que mi querido hijo había desaparecido. No entendía nada, hasta que me despierto a la realidad. A pesar del tiempo transcurrido, siempre me invade esa angustia de madre que le falta su hijo. Ese hijo que era el orgullo de su mamá, que a los 23 años ya era analista de métodos y sistemas. Estaba casado, tenía dos hijos, era todo amor y ternura". Así se presenta esta Madre, víctima del Terrorismo de Estado ejercido por la última Dictadura cívico - militar.

“Yo era una ama de casa, que tenía sus hijos que estudiaban. Era un hogar común y no sabía lo que quería decir la palabra "desaparecido" porque no la conocía. No se sabía nada todavía. Los medios de comunicación no decían nada. Hasta que un día, veo a mi marido en mi casa muy temprano, no había ido a trabajar. Le pregunto qué le pasaba si teníamos visitas… Pero no sabían cómo decírmelo. No se animaban porque yo ya había tenido un problema del corazón. ¿Cómo le explicaba a una mamá que el hijo no estaba y que no sabía dónde estaba?. Mi hijo hacía 4 o 5 días que no se presentaba en el trabajo, ni se presentaba en su casa. Él ya era padre y tenía dos hijos y ellos sabían lo que pasaba con el papá, la que no sabía nada era yo. Y esperaron un poco a ver si aparecía pero como no aparecía y yo preguntaba mucho por él - porque él me llamaba todos los días por teléfono- me lo tuvieron que decir a la fuerza".

"Ahí caí enferma como una semana y un día no sé qué me pasó pero dije “me voy a levantar”. Porque en algún lado tenía que estar y yo tenía que buscarlo. Y así empezó mi lucha...".

El recuerdo de Jorge "Piche"

Acompañada por el Programa Educación y Memoria, Carmen concurrió a muchas escuelas compartiendo anécdotas de su hijo. Con el amor de una madre, transmitió sus mejores recuerdos:

“Le decíamos Piche. El padre se lo puso de chiquito. Creció y le quedó Piche, pero después cuando era más grande, venían los compañeros de la facultad o del colegio y a él le daba vergüenza. Entonces, nosotros dijimos: “No le vamos a decir más Piche, le vamos a llamar Jorge.” Pero para mí siguió siendo Piche, mi Piche”.

“Para un día de reyes le regalamos una guitarrita chiquitita. A partir de ahí, estaba todo el día, todo el día, no terminaba nunca con su guitarrita. Él hizo guitarra de chico y de grande aprendió sin ir a ningún profesor. Él iba a todos los recitales de “Los Chalchaleros” y después cantaba con su guitarra igual que “Los Chalchaleros” porque tenía una voz privilegiada. Y cantaba en las fiestas, en todos lados. Eso sí, nunca dejó sus estudios..”.

"Una vez el maestro de él me mandó a llamar, cuando terminó 6º grado en el Bernasconi. Yo le pregunté si había hecho algo malo y me dijo: “No, yo la llamo porque le quiero dar un consejo, y la verdad que se lo doy con todo el corazón porque yo no acostumbro llamar a la mamá de mis alumnos, pero este chico se lo merece. Usted tiene que mandarlo al mejor colegio o institución que haya acá en Buenos Aires, porque tiene una mente privilegiada". Yo le dije que no conocía ninguna institución, que ni sabía dónde mandarlo. “Bueno, haga una cosa, pregúntele si quiere ir al liceo militar o si no mándelo al Colegio Nacional Buenos Aires". Y un día le digo: “Vení Jorge, vamos a sentarnos. Me llamó tu maestro y me dijo que te tenía que poner en un colegio bueno y me dio dos opciones para elegir. ¿Qué te gusta más, el liceo militar?”, “No mamá, no me gusta". “Entonces vas a ir al Nacional Buenos Aires. Es el mejor colegio que hay en la República Argentina. Lo que sí, vas a tener que estudiar mucho antes de entrar". Dijo: “Bueno, yo voy a estudiar, voy a entrar a ese colegio". Lo mandé a preparar en unas materias. A él le toco latín y qué te cuento que cuando salió tenía tanta emoción. Me abrazó, me besó y me dijo: “Mamá, entré". Lloré de alegría, el padre también se puso tan contento. Yo era muy feliz, fue una época muy linda”.

Luego de su paso por el Colegio Nacional Buenos Aires, Jorge decidió seguir la carrera de Analista de Sistemas en la Universidad de Buenos Aires: “Él quería hacer computación, analista de métodos y sistemas. En aquel entonces no había muchos, dos o tres nada más. Cuando terminó los estudios, ya manejaba las máquinas que venían de Alemania y al año ya era ejecutivo de una compañía. Sí, era muy inteligente, un privilegio de mente".

En su paso por una compañía norteamericana, sus compañeros lo eligieron delegado gremial y a partir de allí, su compromiso y sus convicciones lo convirtieron en una voz “peligrosa”. Una voz que tenía que ser silenciada, como tantas otras, ya que no estaba acorde con los intereses de quienes habían tomado el poder por la fuerza: “Un día lo nombraron delegado de la compañía. Entonces, en sus horas libres defendía a los compañeros. Iba a la CGT, se peleaba con otros... Pero tenía mucha bondad, todo le daba lástima. Si no le hubiese dado lástima no le hubiese pasado lo que le pasó, si a él se lo llevaron por delegado. No quedó ningún delegado”.

La lucha con las madres

Jorge Aggio, desapareció a los 29 años de edad cuando fue interceptado yendo a trabajar: “Yo creo que no ha habido otra dictadura tan brutal y tan salvaje como ésta. Los chicos que se llevaron eran chicos pensantes. Estaba prohibido pensar. Por pensar se los llevaban. Mi hijo tenía una familia, era casado y tenía dos chiquitos. Él quería menos chicos muertos de hambre, una sociedad más justa.... Pero parece que le costó caro. Muy caro".

Una vez que pudo superar la terrible noticia, Carmen inició la búsqueda constante: "Y así empezó mi lucha. Íbamos al Ministerio del Interior y ahí empecé a conocer a algunas madres que estaban, como yo, desesperadas buscando a sus hijos. Y empezamos a pensar qué hacemos, qué no hacemos. Un día nos empezamos a reunir, así fue como empezamos con nuestra presidenta Azucena Villaflor a quien después secuestraron y mataron. Otro día dijimos: “vamos a ponernos algo en la cabeza que nos identifique, que demuestre que somos alguien en la plaza”. Bueno… alguna buscó un pañal de su hijo, otra un pañuelo, no eran estos pañuelos, era solamente, algo blanco en la cabeza. Cada vez éramos más, dábamos la vuelta a la pirámide. Y así empezó nuestra lucha pero no fue fácil...”.

Los restos de su hijo

El jueves 15 de abril de 2010, se dio una conferencia en la sede de Madres de Plaza de Mayo- Línea fundadora para anunciar que el equipo de antropología forense había dado con los restos de Jorge Enrique Aggio.

“Yo tuve la suerte de ser una iluminada de Dios porque hace como un año los antropólogos encontraron los restos de mi hijo. Fue una mezcla de dolor, de alegría, de muchas cosas. Fue largo, después de muchos trámites, de juicios, de ir a Comodoro Py y a Tribunales para que me lo entregaran (…) Ahora tengo la dicha de tener un cajoncito en mi casa, en un altar que yo le formé donde yo hablo con él. Es una dicha porque sé lo que le pasó, dónde estuvo, todo. Pero no es lo mismo tener un cajoncito que tener el hijo de uno porque mi hijo estaba lleno de ideales, lleno de vida, luchaba por un país mejor donde hubiera menos pobres y menos ricos y pensaba, era pensante. Estaba prohibido eso, no se podía pensar, ellos no querían un escenario pensante, les molestaba. Por eso, desaparecieron todos los pensantes. Por eso, no están, no están entre nosotros ahora. Pero están igual, mi hijo me está mirando desde el cielo...”.

Su dolor es el mismo pero ahora se afianza en una materialidad que le da más fuerzas para seguir adelante con la búsqueda de otros hijos: “Yo en este momento, lo primero que hago cuando me levanto, es abrir un puertita. Le doy un beso y le digo: “buen día hijo”. Y a la noche hago lo mismo. Y eso me da mucha angustia porque yo quisiera tenerlo frente a mí. Por eso digo, que en los chicos veo el reflejo de mi hijo. Así es que nos levantamos a la mañana, con fuerzas, pensando que hay que ir a Madres porque tenemos un compromiso. Hay que seguir adelante luchando y pensando que las Madres tienen que recuperar también, a otros hijos”.

Así, para Carmen, hablar de su hijo es hablar de ella misma ya que ante todo es una Madre, con todas las letras: “Hablar de mi hijo es cosa de todos los días. Es el recuerdo permanente, es el dolor permanente, es sentir su falta. Es ponerme contenta cuando está en la foto y después lo veo diluirse…se va. Hablar de mi hijo me da alegría. Todos los recuerdos que tengo de mi hijo son buenos, desde que era así chiquitito hasta que se lo llevaron”.

Carmen, hoy

En su compromiso incesante, Carmen recorre las escuelas legando su testimonio para que los chicos dialoguen con su pasado reciente y construyan una mirada crítica y ante todo, propia, de lo ocurrido.

“En cada uno de ustedes me da la impresión de verlo a mi hijo. Yo estaba siempre muy orgullosa de mi hijo, porque era muy buen estudiante y yo pienso que la mamá de ustedes tiene que estar orgullosa de cada uno de ustedes. Tienen que estudiar mucho. Y sobre todo los más grandes tienen que escuchar con atención esa grave historia que sufrimos cuando sus maestras les expliquen. Hay días especiales para explicar lo que pasó con nuestros hijos, ustedes tienen que escuchar y después analizar. Analizarlo para que nunca más vuelva a pasar lo que pasó en este país. Madres de Plaza de Mayo es una organización conocida y reconocida en el mundo entero como un ejemplo de mucha persistencia, de mucha lucha y a pesar de haber sufrido en carne propia tanto dolor, es una organización reconocida por no haber hecho nunca algún acto de venganza".

Con la sensibilidad y simpatía que la caracteriza, Carmen da respuesta a cada una de las preguntas que le hicieron acerca de su pasado y su presente. Como Madre y abuela, no escatimó en consejos ni palabras reflexivas para dejarle a los chicos, a los padres y a los docentes, un mensaje de amor, de lucha y de justicia.

¿Qué siente cuando va a una escuela?

Cuando voy a una escuela lo primero que veo es la carita de mi hijo. Es como volver a vivir la etapa que yo viví, es como reencontrarme con mi hijo. Cuando hablo de mi hijo siento orgullo, por lo que fue y por lo que sigue siendo para mí y porque la historia lo va a decir alguna vez, por algo luchó. Entonces siento admiración, siento un profundo dolor de tener tanta admiración, de poder recordarlo a cada momento y el no tenerlo.

¿Qué consejo les daría a las madres de hoy?

A las mamás de ustedes, a las mamás de hoy, les daría el siguiente consejo: educar bien a sus hijos, llevarlos por un camino; amarlos, darle mucho amor (que es lo que necesitan). Que sean sinceros, que sean nobles, que sean amigos de sus amigos, que quieran mucho a sus padres y mucho a la gente. Ése es el consejo que yo le daría a todas las madres de hoy.

Con sus 85 años, la lucha de Carmen permanece intacta y continúa soñando con una sociedad más justa y sin olvidos:

“Hace tantos años que estamos luchando. Ahora estamos juzgando a los criminales. Algunos ya tienen su condena, otros no. Porque queremos para ellos cadena perpetua en cárcel común. Por eso es que estamos luchando. Y lo seguiremos haciendo mientras nos dé la fuerza (...) Y vamos a seguir luchando para que los jóvenes vivan mejor y para que esto nunca más se vuelva a repetir”.