Colectividad Hungara

Un poco de historia...

A diferencia de otras colectividades que generalmente fueron estimuladas por el proceso de inmigración masiva en la segunda mitad del siglo XIX, los húngaros comenzaron a llegar en el siglo XVIII, cuando algunos sacerdotes de origen húngaro arribaron en el marco de las misiones juesuíticas al centro y norte del país. Los más recordados: László Orosz (1697-1773), misionero, nombrado rector de la Universidad de Córdoba y del Colegio Monserrat, procurador general de las misiones jesuíticas del Virreinato, quien construyó el Colegio Jesuita de Buenos Aires en San Telmo y dio nacimiento a la primera imprenta argentina; Zsigmond Asperger, editor del libro “Códice Misionero”, quien por su labor médica en la epidemia de peste fue el salvador de los indios de las misiones jesuíticas; Ferenc Éder, un científico y observador minucioso, autor de una obra monumental sobre las costumbres de la población, fauna y flora de la región, reeditado recientemente y Ferenc Limp, considerado el más completo historiador y geógrafo de la región.

A mitad del siglo XIX se generó un impulso a la inmigración. Luego de la Guerra de Independencia de Hungría, muchos militares se exiliaron en nuestro país, como fue el caso del reconocido General János Czetz, fundador del primer Colegio Militar de la Nación y el Coronel Mauricio Mayer, de gran actividad pionera en el país.

Sin embargo estos arribos no son considerados dentro del marco de corrientes migratorias. En ese sentido, es posible distinguir tres momentos cruciales en los cuales se enmarca la inmigración húngara. En primer instancia figuran aquellos que huyeron de la Primera Guerra Mundial, es decir, quienes llegaron antes y después de la guerra, escapando de la misera que golpeaba a su tierra. En su mayoría eran campesinos, gente con oficio que venía con deseos de cultivar la tierra, motivo por el cual se establecieron en el interior del país, especialmente en Córdoba, Misiones y Chaco. Luego de la Primera Guerra Mundial, según el tratado de paz de Trianón de 1920, Hungría fue desmembrada de tal modo que sus fronteras se achicaron notablemente perdiendo dos tercios de su tamaño original. Según Ladislao Kurucz en su libro “Los Húngaros en la Argentina” más de tres millones de húngaros quedaron anexados a estados hasta entonces inexistentes: Checoslovaquia y Yugoslavia, y Rumania incorporó a Transilvania a su territorio. El autor estima que aproximadamente un 87% de los imigrantes húngaros que arribaron a la Argentina en el período entre guerras, provenían de dichos territorios y eran en su mayoría campesinos y obreros.

Una segunda corriente fue aquella que vino a causa de la Segunda Guerra Mundial. Estos inmigrantes fueron en su mayoría intelectuales, industriales y empresarios que se establecieron en las ciudades, epecialmente en Capital Federal y dotaron de cultura a la colectividad húngara, influenciando fuertemente el teatro, la pintura etc. Por otro lado, cabe destacar que fueron de gran importancia para la organización de las instituciones de la colectividad húngara en Argentina. Su llegada fue un gran cambio para la colectividad húngara. Esta generación de inmigrantes, llamada “Generación del 48”, difería de las anteriores por su proveniencia, su composición social y sus orientaciones políticas. Cabe recordar el enorme esfuerzo del Sr. Takács, quien no sólo logró conseguir visas de inmigración a la Argentina para grandes listas de refugiados húngaros en Europa, sino que presentó las garantías necesarias sobre sus propios bienes.

El tercer grupo de inmigrantes que arribaron a nuestro país, fueron aquellos que llegaron luego del aplastamiento de la Revolución de 1956. En su mayoría eran jóvenes, cuando no niños, a los que la colectividad húngara local acogió de forma ejemplar.

Actualmente la comunidad húngara cuenta con aproximadamente unas 40.000 personas de origen húngaro, producto de estos tres grandes momentos. La mayoría de estos descendientes vive en Buenos Aires, no sólo en Capital Federal sino también en los suburbios del Gran Buenos Aires. También se registra presencia húngara en Córdoba, Chaco, Misiones, Rosario, Santa Fe y Bariloche.

Se estima que fueron casi un millón de inmigrantes los que arribaron a principios del siglo XX, de los cuales se calcula que unos 19.000 eran provenientes del imperio austro-húngaro. En su mayoría eran dálmatas, croatas, eslovenos y bosnios, mientras que una menor cantidad eran polacos, eslovacos y un grupo muy pequeño de austríacos. De ese total, sólo un 10% eran húngaros.

Hacia 1930 podía identificarse una fuerte presencia húngara en el centro, en los alrededores de la calle Lavalle. “En pocas cuadras, había cuatro restaurantes húngaros: Kék Duna”(Danubio azul) en Maipú 433, “Hungaria” en Av. Córdoba 377, “Vadászkurt”(cuerno de caza) en Reconquista 458 y enfrente de este último, “Arany Bika” (Toro Dorado), cuyo propietario debe de haber venido de Debrecen, donde está la famosa posada homónima. ¡En este tiempo se mudó el periódico Délamerikai Magyarság al entrepiso de Lavalle 361, y el almacén Mokrány al local de enfrente. Décadas después todavía podían oírse voces húngaras en estas calles, y según algunos testigos vivían allí muchos otros que no hablaban el idioma.”[1]



[1] Ladislao Kurucz , “Los Húngaros en la Argentina” .Biblioteca Nacional de Hungría- Ediciones Biblioteca Nacional. Traducción castellana de Meter Kiss. 1999

 

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