Aurora Bellocchio

Madre de Plaza de Mayo - Línea Fundadora

Aurora Zucco de Bellocchio es la mamá de Irene Bellocchio, detenida – desaparecida el 5 de agosto de 1977 junto a su pareja Rolando Pisoni. Acorde con nuestro objetivo de recuperar la memoria histórica, recopilamos su testimonio en este “Archivo por la Memoria”.

LA HISTORIA DE AURORA

“Yo nací el 7 de enero de 1922 en Buenos Aires. Mi padre era italiano. Yo siempre fui un poco artista, me gustaba dibujar, escribir, hacer diseños…  Estudié Dibujo y Artes Decorativas en la escuela nocturna del Ruiz de los Llanos. Sé que hubiese podido ser una buena dibujante o pintora, pero finalmente dejé por la presión de mi padre y por mi noviazgo con Piri, quien luego fuera mi esposo. Piri era músico. Tocaba en una orquesta de jazz y viajaba con sus giras de tanto en tanto. Tuvimos ocho hijos: Luis, Julio, Marcelo, Irene, Daniel, Eduardo, Fernando y Cecilia. Eduardo murió siendo un bebé”.

La vida de Aurora nunca fue fácil ni simple. Su dedicación por su familia y sus hijos y las penurias económicas la alejaron de su vocación. Pero el mayor golpe lo sufrió con la desaparición de su hija Irene.

EL RECUERDO DE IRENE

Con el amor de toda madre, Aurora recuerda a Irene desde las anécdotas de la infancia y  de la juventud. Acompañada por el Programa Educación y Memoria, Aurora concurrió a la Esc. Nº 2 DE 21 y a la Esc. Nº 3 DE 13 compartiendo los recuerdos de su hija a partir de las preguntas de los alumnos y alumnas.

Mi hija Irene nació el 30 de mayo de 1952, después de tres varones. Fue la cuarta, la mimada. Luego tuve tres varones más y otra hija. Siempre pienso que ella fue la alegría en nuestra casa. Irene era preciosa, era muy juguetona, muy rápida, muy inquieta. Era muy buena con sus hermanos y sus hermanos eran muy buenos con ella. Además era muy divertida. Sabía bailar y cantar, tenía una muy bonita voz. Tenía muchos amigos y amigas. En la adolescencia le gustaba mucho salir con sus amigas. Yo le daba mucha libertad. Era muy enamoradiza. Se enamoraba tan rápido como se desenamoraba. Eran amores muy profundos y repentinos”.

¿Cómo era Irene cuando era chica?
Lo bueno era que era alegre, era muy alegre, muy divertida, muy buena hija, en el sentido de que ante cualquier problema decía “mami lo hago yo o te ayudo”. También era un poco peleadora porque decía que como ella era mayor la tenían que obedecer. Era muy juguetona, cantaba bien, era muy inquieta, llena de amigas, muy bonita. Estudió en el colegio La Anunciata de Villa Urquiza, fue buena alumna, buena compañera.

¿Qué música o cantante escuchaba?
En mi casa se oía música de jazz, porque mi marido, el papá de Irene, era músico de jazz. Pero igual la generación mía lo único que tenía para escuchar siempre era la radio, no había televisión, algunos tenían discos pero por lo general era la radio. Yo soy de la época del tango.Mi hija tocaba la guitarra y cantaba y todos mis hijos cantaban. Así que como recuerdo, es un recuerdo emocionante pero muy hermoso.

¿Qué travesura recuerda de su hija?
Yo recuerdo que en esa época tenía amigas muy queridas con 10 hijos, 8 hijos, entonces cuando uno crecía nos pasábamos la ropa de las nenas o los varones. Un día viene una de las hijas de mi amiga y trae unos vestidos de ella, uno blanco de organdí muy bonito. Al otro día hacía un frío terrible y yo como una santa fui a misa temprano. Yo vivía en el barrio de Villa Urquiza, y cuando vuelvo doblo la esquina y veo una nena que salía de un departamento corriendo, con un frío de cero grado, vestida de organdí blanco y yo pensé: “¡Ay, esa madre! No la habrá visto a la nena como salía”. Cuando llego a casa pregunto “Irene, Irene” y me dicen “se fue a misa”. ¡Era ella! Así que tomé un tapado y me fui corriendo a buscarla. Estaba en misa y todo el mundo la miraba porque era hasta cómico y ridículo. Otra travesura de Irene, es un poco más escandalosa:  como yo vivía en un departamento en el  2º piso, a la tarde después de todas las cosas que uno le hace hacer a los chicos en vacaciones, la siesta, algún deber, tomar algo fresco, bajaban a la vereda a jugar. Entonces viene la encargada y me dice “señora baje vaya a ver cómo está su hija en la calle”. Estaban los hermanos y yo vi a una nena que corría desnuda, ¡se había desnudado! Tenía 3 años y se había desnudado y corría de una punta a la otra por la vereda, así que tuve una chica alegre por suerte.

Aurora recuerda con mucha alegría los tiempos de la infancia de su hija y entiende el compromiso y los ideales que ellos defendían. “Por eso creo que las madres no idealizamos a nuestros hijos, tuvimos hijos muy valiosos en todo sentido, en el amor a su familia, en el deseo de ayudar.”

LA DESAPARICIÓN DE IRENE, LA LLEGADA DE CARLITOS

Irene con Carlitos bebé

“En 1976 Irene estuvo viviendo en distintos lugares hasta que finalmente consiguió un departamento donde vivían dos estudiantes. Yo me encontraba con ella en la calle, o en una galería o en una confitería. Un día nos encontramos con Irene y con Roly – su nueva pareja – y me dice que estaba embarazada. ¡Se la veía tan contenta! Nunca imaginamos que pasaría lo que luego sucedió…”

Carlitos, el hijo de Irene y Roly, nació el 29 de junio de 1977. 

Me llamó Roly para que fuera a verlo al Hospital Posadas. La última vez que vi a mi hija fue el 21 de julio en la casa de mi hermana. Ella estaba feliz con su bebé. Ese día pensé que pasaría mucho tiempo hasta que volviera a ver al bebé. Sin embargo, a Carlitos lo vi, pero a ella nunca más”.

El 5 de agosto de 1977, un grupo de tareas secuestra a Irene y a Roly dejando a su hijo Carlitos en manos de una vecina.

“Lo de la detención fue terrible pero nunca nos imaginamos, en ese momento, que iba a terminar con su desaparición. Carlitos fue dejado en manos de una vecina que tuvo la valentía de entregarlo a sus abuelos. Lo trajo una mujer que me preguntó si lo conocía. “Sí, ¿qué pasa?”, pregunté alarmada. Y entonces le veo un bulto en los brazos, con una mantita tejida. Me dijo que el bebé había llorado durante toda la noche y todavía no paraba. Yo lo tomé en mis brazos, pegado al corazón: se durmió y se calló. Yo dije que ese bebé nunca se iba a separar de mi corazón. Ahí fue cuando la señora, al verme llorar desconsolada, comenzó a contarme que a mi hija y a su marido se los habían llevado en un procedimiento y que ella era una vecina a quien simplemente le habían dado la orden de devolver el bebé.”

El golpe que significó para Aurora el secuestro de su hija, implicó un cambio rotundo en su rutina y a partir de ese momento comienza una búsqueda incansable a la que se le sumaba la responsabilidad por la crianza de su nieto.

“Con el golpe que significó la pérdida de mi hija Irene, tuve la fuerza necesaria. El fin de la resignación implicó transformarme de madre abnegada de siete hijos en Madre de Plaza de Mayo.”

LA LUCHA CON LAS MADRES

Irene tenía 25 años cuando fue secuestrada y Carlitos, su pequeño bebé, solo pudo compartir 36 días con sus padres. A partir de ese momento, Aurora comenzó la búsqueda sin fin, sin hallar respuesta alguna. 

 “El mismo día en que presentamos el hábeas corpus, nuestro abogado nos aconsejó que la denuncia en la seccional 10ª la hicieran mi marido y la mamá de Roly. No yo porque tenía a cargo a Carlitos y si a la policía se le ocurría detenernos, estaría en riesgo la guarda de mi nieto”.

Aurora, al igual que sus compañeras de ronda, no dejó puerta sin golpear. Esta búsqueda que inicialmente fue solitaria, poco a poco, se transformó en una búsqueda colectiva.

 

“Fui a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, al Centro de Estudios Legales y Sociales, La Liga por los Derechos del Hombre, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Familiares de Detenidos y Desaparecidos… A todos esos organismos les llevaba copia de lo que había sucedido y en todos me anotaban. En esa época éramos muy ingenuas y pensábamos que nuestros hijos estaban presos en algún lugar.”

¿Qué pudo reconstruir sobre el destino de su hija?

En el ´80 un sobreviviente me buscó y me contó que había conocido a mi hija en el Centro Clandestino de Detención conocido como “Club Atlético” y me contó el diálogo con ella: “Estoy tranquila porque sabemos que mamá tiene al nene”, cuenta que le dijo. Aparentemente ellos estuvieron allí hasta el 20 de septiembre y en esa fecha los “trasladaron”.

Entre 1981 a 1984 Aurora se fue a Barcelona, España, con su nieto Carlitos. Allí vivió con uno de sus hijos que se había exiliado hacía un tiempo. Desde España, Aurora continuó su lucha llevando su testimonio en defensa por los Derechos Humanos. Cuando regresó al país continuó su lucha incansable por la Memoria, la Verdad y la Justicia desde la Asociación Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora.

AURORA HOY

A pesar de los años, y los difíciles momentos que le tocó atravesar, Aurora mantiene los recuerdos intactos. Con la lucidez de una mujer, madre y abuela que vivió intensamente, comparte sus enseñanzas con los chicos y jóvenes de distintas escuelas, regalándoles su testimonio de amor, lucha y coraje.

En toda esta larga vida mía he visto de todo. He visto caer gobiernos, he visto matar gente, he vivido desde la época del derrocamiento de Yrigoyen. Viví todos los Golpes de Estado; algunos momentos felices o importantes, pero este país está signado por la muerte y por el odio. Se me ocurre a mí que todos ustedes tienen ganas de saber, de conocer, pero sobre todo de entender. Nosotras no queremos darles clase de nada, pero sí explicar que si hubiéramos tenido un pueblo verdaderamente, digamos honrado, un pueblo verdaderamente amigo del vecino o del pariente, un pueblo que ayudara al más necesitado, no hubiera pasado lo que pasó.”

En sus palabras, Aurora destaca la importancia de la tarea educativa para construir una sociedad solidaria y reflexiva:

“Yo deseo que ojalá suceda que poco a poco ustedes aprendan a querer y a escuchar mucho a los maestros. Porque el maestro de lo que más voluntad tiene es de enseñar para que ustedes aprendan no solo un montón de materias, sino a amar la vida y defender la vida, defender al ser humano y no caer en tentaciones de odio, de dividir a la gente en un estilo o en otro. En lo que realmente se llamaría el valor de la vida y de la felicidad; que es el saber, la amistad, el deber y el amor.”

En el año 2009, Aurora publicó su autobiografía en el Libro “Pelear la Vida”.  Como síntesis de su vida, expresa:

Tuve caídas espaciadas y otras en seguidilla. De todas ellas, conseguí levantarme. Tampoco me caí con la desaparición de Irene. Al igual que el resto de las Madres, tuve capacidad de transformar el dolor en voluntad de pelear. Pero, mirando el recorrido, pienso que la capacidad para no caerme surgió también de otras condiciones, menos precisas, que tienen que ver con mi personalidad, algunas de las cuales ya estaban presentes en ella y otras que tuve que ir construyendo.  

Pero ante la desaparición de Irene no me resigné. El fin de la resignación implicó transformarse de madre abnegada de 7 hijos en Madre de Plaza de Mayo: a darme cuenta de que lo que me pasó a mí formaba parte de una realidad de muchos, de una realidad social, política, económica y que mi respuesta a esa realidad individual no podía hacerse desde mi condición de madre, sino de Madre de Plaza de Mayo. 

Todo este proceso fue liberador en un sentido, pero muy doloroso. Por el dolor de la desaparición de Irene, por el dolor de las rupturas. Pero también permitió, en un plano personal, que pueda pararme desde otro lugar. Y en un plano social, aportar un pequeño granito de arena a la lucha por la verdad y la justicia.”

AURORA, PERSONALIDAD DESTACADA EN LOS DERECHOS HUMANOS

El día 1º de noviembre de 2011, Aurora fue galardonada como Personalidad Destacada en el ámbito de los Derechos Humanos por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires (Ley Nº 3879). De esta forma, su historia, su lucha, su trayectoria y su apuesta permanente por la Verdad y la Justicia, fueron reconocidos en este cálido homenaje en la Legislatura Porteña.

“Siento el agradecimiento y la emoción de saber que me quieren mucho. Nunca esperé esto.Luché con todas las Madres, no sólo por mi hija y por su compañero, sino por todos nuestros hijos y por la búsqueda del juicio y castigo a los asesinos que torturaron. Quiero extender este reconocimiento a todas las madres que ya no están y que no pudieron vivir la esperanza que significa para nosotras la condena a los asesinos. Además quiero agradecer la lucha de HIJOS y a mi nieto Carlitos. Ese nieto me dio vida y fue por él que nunca me desesperé". manifestó Aurora con alegría y emoción por este merecido reconocimiento.