
El 25 de junio las fuerzas británicas al mando de William Carr Beresford desembarcaron en las costas de Quilmes. Para entonces era ya público y conocido que Inglaterra había lanzado un plan de invasión sobre el río de la Plata, pero la metrópolis española, más preocupada por el avance de Bonaparte que por la amenaza británica en sus colonias, no envió ayuda significativa y dejó a la ciudad a su suerte.
La flota de Beresford había sido advertida desde Uruguay a principios del mes y durante los siguientes días rozó las costas del sur de la ciudad. Al día siguiente, el virrey Sobremonte envió tropas coloniales al encuentro de los ingleses, que fueron derrotadas. Finalmente, trató de contener a los invasores en el puente de Gálvez (hoy Pueyrredón) con fuerzas militares y civiles, sin suerte frente a los 1600 británicos.
La ciudad se rindió el 27. Beresford tomó el fuerte de Buenos Aires y Sobremonte tuvo que huir hacia Luján, desde donde intentó reorganizar el poder y el ejército virreinales. Los ingleses desfilaron por la plaza Mayor (hoy plaza de Mayo) e izaron la bandera de su país. Beresford mantuvo en sus cargos a los funcionarios porteños, decretó la libertad de comercio y la reducción de aranceles como medidas para ganar el favor de los porteños. Ambas órdenes respondían, sin embargo, a ganar las vías comerciales sudamericanas que estaban en manos españolas.
Los ricos comerciantes favorecidos por el sistema de monopolio virreinal, afectados por la nueva medida, reaccionaron y comenzaron a organizar la reconquista, conseguida luego de 46 días de permanencia británica en la ciudad, que dejó como consecuencia un nuevo actor en la política porteña de entonces: las milicias urbanas, primero formadas por españoles y criollos para, a partir de 1809, pasó a ser un cuerpo netamente criollo que tendrá una participación muy destacada en las jornadas de mayo del año siguiente.
Fuente foto: www.oni.escuelas.edu.ar/2003/SAN_LUIS/128/1invac.htm
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