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28 de Noviembre de 1919

Paseo de Julio cambia su nombre

28 de Noviembre: Paseo de Julio cambia su nombre

Por Decreto del 30 de octubre de 1848, (que anulaba uno anterior del 15 de marzo en que se nombraba “Encarnación” al mismo espacio), pasó a denominarse “Paseo de Julio” al “Paseo de la Rivera”, parte del cual integraba el viejo “Paseo de la Alameda”, creado por el Virrey Vértiz. El nombre llegó a abarcar las actuales avenidas Leandro Alem, Paseo Colón (así llamado desde 1857) y Libertador, entre la actual calle San Martín y avenida Alvear. Bordeaba la vieja aduana y muelles que serían demolidas al concluirse las obras del Puerto Madero. Un tramo, del Paseo de Julio, se acercaba al con el río con una muralla, por detrás de la Estación Central y la Casa de Gobierno.

El 29 de mayo e 1903, siendo este un paseo de moda de la época, se descubrió en el Paseo de Julio, cerca del cruce con la actual calle Juan Domingo Perón, la “Fuente de las Nereidas”, obra de la escultora Lola Mora. La obra que representa el nacimiento de Venus exhibe desnudos femeninos lo cual era casi escandaloso para la sociedad de ese momento. Resistió hasta finales de la década cuando fue trasladada a su actual emplazamiento en la Costanera Sur. En 1865, como anticipo de los posteriores intervenciones, surgió el muro vertical que contuvo las tierras del Paseo de Julio, iniciando a su vez, la tradición de los proyectos de espacios públicos costeros.

Por fin, el 28 de noviembre de 1919, con la Ordenanza Nº 520 se le da el nombre del popular líder y fundador del Radicalismo, Leandro Nicéforo Alem. Ejemplos del carácter simbólico e inspirador del Paseo, son un tango cantado por Gardel y un poema de Jorge Luis Borges.

Fuente foto: http://www.malena-tango.com/wp-content/uploads/2009/09/recovas.jpg

Datos Curiosos

El paseo de Julio (Jorge Luis Borges, Cuaderno de San Martín (1929))

Juro que no por deliberación he vuelto a la calle
de alta recova repetida como un espejo,
de parrillas con la trenza de carne de los Corrales,
de prostitución encubierta por lo más distinto: la música.


Puerto mutilado sin mar, encajonada racha salobre,
resaca que te adheriste a la tierra: Paseo de Julio,
aunque recuerdos míos, antiguos hasta la ternura, te saben,
nunca te sentí patria.


Sólo poseo de ti una deslumbrada ignorancia,
una insegura propiedad como la de los pájaros en el aire,
pero mi verso es de interrogación y de prueba
y para obedecer lo entrevisto.


Barrio con lucidez de pesadilla al pie de los otros,
tus espejos curvos denuncian el lado de fealdad de las caras,
tu noche calentada en lupanares pende de la ciudad.


Eres la perdición fraguándose un mundo
con los reflejos y las deformaciones de éste;
sufres de caos, adoleces de irrealidad,
te empeñas en jugar con naipes raspados a la vida;
tu alcohol mueve peleas,
tus griegas manosean envidiosos libros de magia.


¿Será porque el infierno es vacío
que es espuria tu misma fauna de monstruos
y la sirena prometida por ese cartel es muerta y de cera?


Tienes la inocencia terrible
de la resignación, del amanecer, del conocimiento,
por los días del destino
y que ya blanco de muchas luces, ya nadie,
sólo codicia lo presente, lo actual, como los hombres viejos.


Detrás de los paredones de mi suburbio, los duros carros rezarán con varas en alto a
su imposible dios de hierro y de polvo,
pero, ¿qué dios , que ídolo, que veneración la tuya, Paseo de Julio?


Tu vida pacta con la muerte;
toda felicidad, con sólo existir, te es adversa.

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